19 agosto 2015

A Segunda Vista

Vivir con ella era terrible, molesto, insoportable.

Todo el tiempo estaba ahí,
mostrándome mis peores defectos,
recordándome todo el tiempo todo lo que no había llegado a hacer (o ser).

No nos llevábamos bien.

Hubiera dado cualquier cosa por que fuera de otra forma,
más linda, más inteligente, más divertida,
por que supiera callarse todas las veces que no se calló a tiempo,
por que me hiciera sentir especial,


Por que tuviera distinta la nariz.

Es la relación más larga que he tenido, la relación más larga que nunca tendré.
Lo loco es que después de vivir juntas tanto tiempo,
y contra todo pronóstico,
en algún momento me empezó a caer bien.

La quiero, y ahora que la quiero ya no es
terrible, molesta, insoportable.
Es sensible, sincera, cruda, más honesta que nadie.
Tiene cosas malas y buenas...


Y sigue teniendo la misma nariz.
Pero ahora, mirándola en el espejo, casi te diría que me gusta.


Vivir conmigo no es fácil, pero creo que estoy aprendiendo.
Al fin y al cabo, soy la única persona que va a tener que vivir conmigo toda mi vida.
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